El día a día te arrastra. El largo plazo casi no existe, ni en los proyectos personales ni en los profesionales. Y, sobre todo, somos una sociedad cada vez más pasajera, sin proyección de futuro, si no cambiamos nuestro sentido de la vida.
Una sociedad no demasiado inclinada a las relaciones desinteresadas, que sólo sean por hacer bien, por construir buenos momentos, por mejorar. Donde estas obligado a ser mejor que el otro, sin la sana ambición por mejorar uno mismo ¡Y así nos va!
Sin embargo, hay esperanza para las personas que creemos en el entendimiento, el compromiso y el desarrollo personal. En que es necesario trabajar en colaboración con los demás, creando valor para las personas y para la sociedad.
Quizá no se trate tanto de cuánto nos relacionamos sino de cómo, de qué mundo construimos.
Necesitamos luces largas para explorar el futuro, no un plus de euros y un cojín más mullido al sentarnos en la misma y alienante cadena de vanidades. Romper las reglas de un sistema que sólo piensa en el máximo beneficio personal, en clave individualista, ya quienes están arriba, ya quienes están abajo.
Hay que romper esta cadena ¡Todo es ponerse!
sábado, 20 de noviembre de 2010
sábado, 16 de octubre de 2010
24 horas más, cada día
Es fácil cargar contra quien tienes al lado cuando algo te sale mal o no es como esperabas. Como es fácil levantar la voz, enfadarte y culpar a los demás aunque hayan originado la situación. Es lo más fácil.
Damos por sentado, muchas veces, que no nos equivocamos, que el otro no tiene más razón que nosotros y, así, es más fácil equivocarse. Con esta actitud, cada día son veinticuatro horas menos. Veinticuatro horas menos para hacer mejor las cosas y, sobretodo, para relacionarnos mejor. Sin embargo no nos han educado para aprender de los fallos y superar las situaciones que desencadenan. Prueba de ello es que cada vez pequeños desencuentros se solucionan peor y con más distanzamiento, entre amigos, parejas, familias, compañeros. Y lo peor es que, cada día, son veinticuatro horas menos.
Veinticuatro horas menos de relacionarnos inteligentemente y de disfrutar interaccionando con los demás. Sobre todo, con las personas más cercanas, cercanas en el corazón. Ahora tienes por delante 24 horas más, cada día, para reflexionar cuando te vayas a malhumorar o cuando estés enfadado con alguien.
"Cada día, son veinticuatro horas menos", así que, ¡aprovecha! mientras tengas, 24 horas más, cada día.
Damos por sentado, muchas veces, que no nos equivocamos, que el otro no tiene más razón que nosotros y, así, es más fácil equivocarse. Con esta actitud, cada día son veinticuatro horas menos. Veinticuatro horas menos para hacer mejor las cosas y, sobretodo, para relacionarnos mejor. Sin embargo no nos han educado para aprender de los fallos y superar las situaciones que desencadenan. Prueba de ello es que cada vez pequeños desencuentros se solucionan peor y con más distanzamiento, entre amigos, parejas, familias, compañeros. Y lo peor es que, cada día, son veinticuatro horas menos.
Veinticuatro horas menos de relacionarnos inteligentemente y de disfrutar interaccionando con los demás. Sobre todo, con las personas más cercanas, cercanas en el corazón. Ahora tienes por delante 24 horas más, cada día, para reflexionar cuando te vayas a malhumorar o cuando estés enfadado con alguien.
"Cada día, son veinticuatro horas menos", así que, ¡aprovecha! mientras tengas, 24 horas más, cada día.
lunes, 4 de octubre de 2010
Llamadnos mejor mayores
Nos distanciamos de la vejez, e incluso tratamos de ocultarla, y precisamente por ello nos sorprende cumpliendo años. Sorprende cuando te empiezan a llamar señora o señor y ya no te digo si te ceden el asiento en el autobús, entonces si que has cumplido años ¿y qué?
Vamos sumando años, ocasiones perdidas, desengaños, desilusiones sin embargo también buenos momentos, alegrías, emociones positivas y, sobre todo, sentimientos, sentimientos excepcionales.
Recientemente he leído una conversación entre dos personas mayores, de unos 72 años, y es la siguiente:
- Para qué tantas prohibiciones, tantas pastillas, tantas dietas...
+ Pues, para vivir más tiempo
- Para malvivir más tiempo querrás decir
+ Vivimos más tiempo para disfrutar más de la vida y poder ver a nuestros hijos y nietos...
Lo que ocurre muchas veces es que se odia la vejez. Empezamos llevando mal envejecer y acabamos odiandolo porque sientes que te conviertes en un objeto inútil para la sociedad. Sientes que la familia te usa para ir al banco, cuidar a los nietos y cuando ya no eres capaz de hacerlo te dejan de lado.
El envejecimiento es una de las cosas que nos negamos a aceptar y de las pocas certezas claras con las que vivimos desde que nacemos. Además, vivimos en una sociedad con valores 'viejos' donde impera el culto a la juventud. Sin embargo esta juventud está muy limitada porque no tiene fácil hacer su propia vida ya que el acceso al mundo laboral está en manos de los que quieren sentirse físicamente jovenes como ellos pero desde una situación de 'poder'.
Al parecer, todos somos un poco 'viejos' y un poco 'jovenes'. Si sabemos mirar podemos aprender a envejecer y, por qué no, a morir.
Mientras tanto ni jovenes ni viejos, llamadnos mejor mayores.
Vamos sumando años, ocasiones perdidas, desengaños, desilusiones sin embargo también buenos momentos, alegrías, emociones positivas y, sobre todo, sentimientos, sentimientos excepcionales.
Recientemente he leído una conversación entre dos personas mayores, de unos 72 años, y es la siguiente:
- Para qué tantas prohibiciones, tantas pastillas, tantas dietas...
+ Pues, para vivir más tiempo
- Para malvivir más tiempo querrás decir
+ Vivimos más tiempo para disfrutar más de la vida y poder ver a nuestros hijos y nietos...
Lo que ocurre muchas veces es que se odia la vejez. Empezamos llevando mal envejecer y acabamos odiandolo porque sientes que te conviertes en un objeto inútil para la sociedad. Sientes que la familia te usa para ir al banco, cuidar a los nietos y cuando ya no eres capaz de hacerlo te dejan de lado.
El envejecimiento es una de las cosas que nos negamos a aceptar y de las pocas certezas claras con las que vivimos desde que nacemos. Además, vivimos en una sociedad con valores 'viejos' donde impera el culto a la juventud. Sin embargo esta juventud está muy limitada porque no tiene fácil hacer su propia vida ya que el acceso al mundo laboral está en manos de los que quieren sentirse físicamente jovenes como ellos pero desde una situación de 'poder'.
Al parecer, todos somos un poco 'viejos' y un poco 'jovenes'. Si sabemos mirar podemos aprender a envejecer y, por qué no, a morir.
Mientras tanto ni jovenes ni viejos, llamadnos mejor mayores.
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