Vete de dónde los héroes son señalados como traidores

domingo, 30 de octubre de 2016

Reflejo de un falso progreso

Hace frío aunque el día es soleado. Sábado. Paso a paso. Mientras camina por el último tramo de la calle Gregorio de la Revilla para cruzar la Gran Vía y llegar al parque. Se sienta en un banco para cuestionarse tanto como responderse.


Ese camino a pie, es el que le conduce a conocer y, sobre todo, a hacerse preguntas. Caminando por las calles, hoy se fija en que hay cada vez más personas pidiendo. Personas que han crecido, como tú y como él, creyéndose que el éxito era tener un trabajo, una esposa y unos hijos, una casa en propiedad,... Personas, como tú y como él, que han despertado del sueño de la nada. "El sueño de la nada" que nos hizo creer que nuestro prosperidad sería duradera. Porque entre esas personas los hay con estudios, con hijos, con una casa embargada, con una familia rota,... Personas que buscaban hallar su lugar en el mundo, como tú y como él, y no lo encontraron. Y si lo encontraron, no supieron mantenerlo.

La desagradable realidad no la quiere mirar casi nadie, es más fácil mirar para otro lado, no mirar. Como si lo que no se quiere ver, no existiese. ¿Ese es el éxito? Pasar de largo y apagar esa voz que te avisa que, quizás, vivir así no es progreso.

Creer que con unas monedas vas a solucionarles la vida tiene mucho de estupidez aunque hay también mucho de buena voluntad. Como creer que lo sabemos todo. Esto ya no vale. Y si vale, es un falso reflejo del progreso.


Se levanta del banco para responderse tanto como cuestionarse.



viernes, 30 de septiembre de 2016

El imbécil no lo merece

 Disculpa que hoy deje el buen ánimo. Es lo que tiene encontrarte con gente encabronada.

 Hablan de perdida de valores, de odio, de envidia, de desorden, en definitiva de deshumanizacion. Yo creo que no se trata de eso. A pesar de todo, hay que aceptarlo, es humanidad. Desde los griegos, y antes, existen estos comportamientos. Realmente, cada vez hay más imbéciles y entonces, igual eran menos. Algún dramaturgo noruego ya dejó dicho que la barca del mundo se hundiría por el peso de los imbéciles. Y en esas están los imbéciles, hundiéndolo.

 Igual hay que volver a recuperar el instinto, la intuicion, la capacidad de supervivencia, los valores naturales, pero para ello hay que volver a la naturaleza. A las relaciones naturales.
 En las ciudades vivimos relaciones "aparentes" porque ya no hay relaciones auténticas. Un dato, nos creemos en un 94% que lo que apreciamos a otros es recíproco. Falso, sólo acertamos en el 53% de los casos. 40 puntos porcentuales de error, es decir, nos equivocamos mucho con quienes pensamos que nos aprecian.

 Por eso, no hagas aprecio al que no lo merece porque es un imbécil. Y, sobre todo, no seas imbécil y aprecia a quien te aprecia realmente.



martes, 30 de agosto de 2016

A pesar de todo, mañana será otro día

 En plena Aste Nagusia de Bilbao, por la mañana, Diego estaba sentado en la pequeña terraza de la cafetería de la plaza Campuzano y ella se le acercó por sorpresa. En un principio no la reconoció y, además, iba acompañada por un hombre rondando los sesenta años que vestía como si fuese un muchacho, llevaba polo negro con un gran escudo y números grandes, bermudas rojas y zapatillas de deporte negras. Un hombre aún demasiado joven para no disfrutar de una atractiva mujer, las fiestas y la vida pero que diferente a él porque nunca llevaría a una mujer como un trofeo (era lo que el hombre transmitía). Además, su mente le decía que no podía ser.
 No podía ser porque lo que se pierde no suele volver a encontrarse. Pero, no había duda, era Francesca y seguía siendo hermosa, con estilo e inteligente. Y parecía que había encontrado al hombre que ella soñaba.


 Hace quince años, Francesca, soñaba con casarse, adquirir estatus y economía. Y parecía que lo había conseguido aunque intuía que estaba con uno de esos granujas sin escrúpulos que habían sacado tajada del pastel de la corrupción.
 A Diego le vino a la memoria aquella otra Aste Nagusia de hace quince años. Aquel kalimotxo casual en el Alisas (solía estar en las txosnas con sus amigos), cerca de la plaza del Gas y con la música de fondo de Manu Chao. Quince años después, no sabía qué fue lo vivido y qué era lo creado por su mente. Ya no sabía si "Me gustas tú" era la letra de la canción que escuchaba o era lo que pensó cuando vió a Francesca entrar con un grupo de amigos, treinteañeros como ella, al bar.
Entonces volvió en sí cuando ella fue a saludarle con un beso en la cara pero él se giró, la sonrío con picardía y la beso en la boca pero esta vez no era espontáneo ni lo sentía. Cuando se marcharon volvió a recordar.


 Dejaron atrás el ruido del Arenal y subieron hacia la plaza Moyua pasando por la plaza Circular. Eran las 8:05 de la mañana. Y la acompañaba a la parada de taxis junto al Carlton. A Diego parecía dolerle más el corazón que la cabeza (habian bebido más de lo que estaba acostumbrado) después de lo que acababa de escuchar.
- Te convendría ser más, como lo diría, más pícaro aunque solo es cuestión de tiempo. Nadie es noble siempre.
- Seré quien he sido y soy, siempre.
- Las ideas son muy bonitas con veintipocos años y aquí (tocándole la cabeza),..., pero la vida. La vida es otra cosa. Vivir es adaptarse. Sacar partido del fracaso y del triunfo.
 Y entonces, a pesar de todo,..., la besó. Mañana será otro día.